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Sáhara Occidental, la pesadilla de un pueblo olvidado.

Hay conflictos internacionales que copan portadas de los medios, abren informativos en las cadenas de televisión o se convierten en trending topic en internet. En definitiva, son en sí mismos motivo de interés de los principales canales a través de los que los ciudadanos nos informamos de lo que pasa en el mundo; y a su vez consiguen crear  opinión entre la población.

Guerras como la del Golfo Pérsico, la de Siria, el sempiterno enfrentamiento entre palestinos e israelíes o la más reciente invasión rusa de Ucrania; solapan un número importante de conflictos que quedan relegados a un olvido entre injusto y cruel, por organizaciones internacionales y medios de comunicación.

Hoy me centraré en uno de estos conflictos olvidados, que atañe a una de las más bochornosas páginas de la historia contemporánea de España: el del Sáhara Occidental.

Les ahorraré episodios ampliamente tratados en todo tipo de foros, como el Acuerdo Tripartito de Madrid de 1975, en el que nuestro país transigió a una infame dejación de funciones en la que hasta entonces era la la quincuagésima tercera provincia española, en favor de Marruecos y Mauritania;  o la muy estudiada Marcha Verde de noviembre de ese mismo año, con la que el Reino Alauí apoyado por los Estados Unidos de América, transportó a más de 300.000 civiles -y militares- a través del desierto, para lo que significaría de facto la anexión del territorio.

Pero, a pesar de la evidente responsabilidad histórica de España, no podemos por más que catalogar al conflicto como residual a lo que a la política internacional se refiere, y no menos en cuanto al posicionamiento de las noticias sobre el mismo entre los medios de comunicación de nuestro país.

Desde la Guerra Fría, que dividía al mundo en dos bloques, pasando por la caída del Muro de Berlín en 1989, y la hegemonía estadounidense en la esfera global resultante hasta nuestros días; la voz de las legítimas reivindicaciones saharauis pasaron a reducirse a la nada, pese al interés y simpatías que desde el comienzo de la Transición Democrática tuvo su causa en España.

Hoy, el pueblo saharaui sigue malviviendo en mitad de la nada, segregados entre quienes son ocupados en su propia nación, y quienes subsisten de la ayuda humanitaria en las áridas y pedregosas hammadas argelinas; aislados por un muro de más de 2.700 kilómetros de longitud y 3 metros de altura, que paradójicamente «protege» las minas de fosfatos y los ricos caladeros pesqueros, de quienes vendrían a ser sus legítimos dueños.

La falta de voluntad política de la Comunidad Internacional, que planeó un referéndum de autodeterminación en 1991 del que nada se sabe, el reconocimiento de la Administración Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, el inaudito cambio de registro del gobierno de Pedro Sánchez, posicionando a España en favor de las tesis autonomistas defendidas por Rabat, además del inexorable paso del tiempo, que siempre ha jugado a favor de los gobiernos de Marruecos; han hecho que la lucha saharaui se haya convertido en la pesadilla de un pueblo ignorado, y completamente abandonado a su suerte, ante el silencio de los medios.

Tras casi 30 años de tensa calma entre el Frente Polisario y el ejército marroquí; décadas que han puesto a prueba la infinita paciencia de los saharauis en la esperanza de una definitiva solución al conflicto en forma de un referéndum de autodeterminación que nunca llega, éstos, se han vuelto a levantar en armas.

A finales de 2020, una protesta de civiles saharauis en el paso fronterizo de El Guerguerat, fue repelido por el ejército marroquí, lo que a su vez fue interpretado por los saharauis como una violación del alto el fuego de 1991;  y provocó el reinicio de una guerra que dejará un nuevo reguero de víctimas en el desierto, entre la inoperancia de la ONU, y el escaso interés de los mass media.

Estoy convencido de que quien controla el relato, termina por imponer su discurso. Por ello, y pese a que las evidencias indiquen que la paz y el Derecho Internacional están hoy más lejos que nunca de la resolución del conflicto del Sáhara Occidental; no estaría de más que no olvidáramos que como ciudadanos tenemos derecho a ser informados también de cómo se encuentran pueblos que sufren el interesado silencio y el olvido de quienes nos gobiernan.